Capítulo: De cielos grises y miedos

A mis frescos diecisiete años y luego de una intrincada escolaridad, donde ni las monjas en la primaria ni los profesores del Instituto Isabel La Católica habían podido acallar mi fuerte personalidad, realicé mi primer viaje al extranjero en busca de algo más. Las razones podían parecer simples: me iba estudiar inglés, como primer escalón en el mundo de los idiomas. Sin embargo, detrás de ese deseo primigenio, se escondía un ansia de búsqueda interna irresuelta. Estaba decidida a abandonar la placidez de mi hogar donde sobraba afecto para ir a conocer el mundo. Ignoraba qué era ese deseo, y qué era lo que estaba buscando.Tampoco sabía que este sentimiento permanecería en mí por muchas décadas, y lejos estaba de poder identificarlo. Se había avivado el fuego de la intensa búsqueda. La llegada a Warrington, fue la primer “escapada”, para estudiar inglés. La casa de Los Woodward, en el medio del campo rodeada de pastizales, era hermosa. Conocía a los Woodward la amistad de mi tío -campeón mundial de equitación- Paco Goyoaga. Eran la antítesis de mi mundo social, sin hijos, ni entusiasmo, impactaba su falta de alegría. Sólo había alcohol, comidas opulentas, caza de zorro y dinero. Vivían exclusivamente para el ocio. Les escribía a mis hermanos: “En el bar, todos toman 5 rondas de whisky, y yo me debo pellizcar para que no me venza el sueño. Estoy todo el tiempo con  mayores. No falta vez que alguno se emborrache y extralimite un poco el humor británico, pero ya con cierta cintura sé como sacármelos de encima”. El signo del éxito es la alegría y la sonrisa a pesar de las circunstancias, no necesariamente la cuenta bancaria.

Cumplí diecinueve primaveras y fui presentada en sociedad, en una fiesta con los cazadores de zorro. Recuerdo con tristeza la tradicional cacería por el amor que tengo por los animales. Durante las cacerías, me vi obligada a participar y ayudar a tapar las zorreras. Recorríamos el campo en búsqueda de guaridas para facilitarle la tarea a la tremenda jauría de Haunds, los indefensos y aterrorizados zorros encontraban su zorrera tapada y allí eran apresados y destrozados en un minuto por los perros. Sólo recordarlo, me produce tremendo dolor.

Desde la infancia arrastraba un inexplicable miedo a la noche. De niñita, al sentir los ruidos de la casa en la penumbra, comenzaba a gritar: “¡Mamá! ¡Mamá!” pretendiendo ganas de vomitar. ¡Era el miedo! corría por los pasillos oscuros, no me gustaba atravesar el jardín en la oscuridad y sentía sombras por doquier.

En Inglaterra, el miedo se exacerbó. Una noche cerrada desperté oyendo ruidos raros en el cuarto, percibí un “Ah”, suficiente para que se me erizaran los pelos. El quejido no llegaba de lejos, no sabía si soñaba o estaba despierta, me quedé inmóvil, el corazón me palpitaba fuerte, sostuve la respiración y esperé unos segundos. “Ah” volví a escuchar. ¡Algo había en mi cama! ¡Qué pánico!, ¿podría ser uno de los perros? Estiré la mano para ver si era mi perro, y apenas rocé un cuerpo caliente, mi corazón se disparó despavorido, alerta como un rapaz. La oscuridad era tan envolvente que los minutos pasaban y nada parecía acostumbrar mis ojos a la penumbra. Temblando, logré encender la luz, ¡en mi cama había un hombre desconocido totalmente desnudo! Estaba con los pies en la cabecera. “Ah”, volvió a exclamar el extraño. “¡Viene a violarme!”, me dije. Con las manos heladas y el corazón fuera de mí, corrí a la puerta para que no me alcanzase, finalmente abrí la puerta y al mismo tiempo me topé con Brenda, la dueña de casa, -“Brenda… he´s naked…” (Está desnudo), le dije a gritos “Gordon, Gordon!!”, llamó ella, “Roger is in Beatriz’s bed!” (¡Roger está en la cama de Beatriz!). Tambaleante dejó mi dormitorio. El “famoso” Roger, era un huésped de la casa que borracho y desorientado, se había metido en mi cama. De allí en más, el sueño y la oscuridad incrementaron mis miedos, sin saber lo que esto significaba. Los miedos son sólo amor patas para arriba.

Tenemos miedo al amor, miedo a la meditación, miedo a la muerte, la gente tiene incluso miedo de sí misma. La ignorancia, la falta de conciencia, y no saber la verdad de la vida, es lo que causa miedos. Si pudieses vislumbrar la existencia, el Ser que eres, que estás más allá de la muerte, esto quitaría de raíz todos los miedos. La muerte en realidad no existe, es solo el envase lo que muere. El alma deja el cuerpo y sigue su largo camino hacia casa. La vida es infinita. El alma no puede ser quemada, ahogada ni enterrada, intocable, continúa su destino. En el momento de la muerte nos vienen todas las imágenes de la vida que más nos impactaron, y se van grabando en la memoria, para finalmente oír estas dos preguntas: ¿Qué hiciste en la vida para ayudar a otros? y ¿Usaste tu intelecto para evolucionar? Nada más… después de esto la perfecta organización de Dios hacen que el alma o espíritu continúe su largo viaje.

Inglaterra fue un período de gran aprendizaje personal. Sobrevivir distanciada de los míos, acostumbrarme a la soledad, la falta de juventud, de mimos, y crecer entre personas que hablaban otro idioma  fue una dura prueba. Tampoco encontré sosiego en mi pasión, los caballos. Si bien salía a montar diariamente, el frío les hacía botarse con fuerza, más de una vez terminé en el suelo sin nadie que me socorriera. Meses después, sin haber encontrado lo que buscaba -pero llevando conmigo el idioma que tantas puertas me abriría- regresé a mi tierra. La familia y amigos me recibieron con ese amor que tanto había necesitado. El aeropuerto de Barajas era una fiesta de sombreros y flamenco y mis hermanos embelesados admiraban mi inglés.

Fragmento extraído del libro "Del gin&tonic a la meditación y respiración"

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tapa libro

5 comentarios en “Capítulo: De cielos grises y miedos

  1. Hola, recien descubro tu existencia, fue anoche en un canal de tv. ahora…a empezar a poder saber de que se trata El Arte de Vivir, quizás….aún tenga tiempo. Bezozz(no es error ortográfico, van con zeta…porque son mios, jajajaj)

  2. Oui, c’est vrai! Je t’adore mon amie! c’est la vie et la vie est belle! gros bisous🙂 yo bien aqui en la oficina, trabajando con el cielo gris y oscuridad ya, pero mantengo la
    sonrisa, acordandome de vos y Guruyi!

  3. Que capitulo mas lindo Bea! me identifico 100% con vos! yo viví 6 años en Dublin y después me fui hacia Barcelona en busca de mas calidez, buen clima, sol, mismo idioma y noches de lunas extraordinarias.Hacían también 6 años que había dejado mi país natal, la Argentina (junto a mi hermana) en busca de un futuro mejor! Los idiomas son un tesoro muy grande que nunca perderemos y nos abrirán puertas constantemente. Besos my friend!

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