De mi amigo Andrés

La imagen puede contener: una persona, exterior

Tener 32 años, ser deportista, profesión consolidada, jefe de trabajos prácticos en la UBA, Jefe de Cátedra en otra Univ. privada, querido por todos tus estudiantes, exponente y referente en congresos, especializarte en las técnicas consideradas número uno en el mundo, que vengan a verte pacientes de diferentes provincias y países, evitar cirugías en pocas sesiones, director de una de las clínicas de más renombre en zona sur, dar capacitación de postgrado a cientos de profesionales argentinos y extranjeros a lo largo de todo el país… Estar “felizmente” casado, tener a un bebé de apenas un poco más de un añito, sano, hermoso, vibrante, buscado y deseado. Tener casita en pleno centro de la ciudad, papá y mamá, hermanos, sobrinos, nada de deudas, viajar cuando querés, donde querés, el tiempo que querés… Para cualquiera, suena a una vida perfecta.

También tener hipertensión, insomnio, bruxismo, ira, estrés, irritabilidad extrema, insatisfacción por todo, depresión, violencia contenida y temer ir preso por llegar a matar a alguien en un ataque de furia descontrolada, que te salgan todas las canas juntas, “sentir” que en cualquier momento te viene el bobazo, competir por absolutamente todo y querer ganar siempre, sentir que ya no das más, que preferís ir y que te empastille un psiquiatra antes que seguir así cuando nunca tomaste ni una aspirina, no tener una sola razón por la cual quejarte y quejarte por absolutamente todo… es un infierno.

Así, como un manotazo de ahogado antes de empastillarme o matar a alguien, un día como hoy, pero hace exactamente 10 años atrás, llegaba con todo eso sobre la cabeza a la calle Conesa (la casa de Bea y la primera sede del Arte de Vivir) a tomar el curso Parte 1 de El Arte de Vivir.

Ese día fueron más las ganas de volverme a casa con mi locura, pero me quedé.
Me quedé decidiendo que ya no volvería y, sin embargo, al otro día volví. Y experimenté el Sudarshan Kriya y ya no me fui más.

Todo lo que viví en estos diez años me llevaría una vida describirlo.
Sólo voy a decir que este es mi nuevo cumpleaños. Hoy celebro mis diez años viviendo, porque antes, sólo existía.

Gracias Bea, porque sin tu amor sin límites, tu inteligencia, tu humor, tu habilidad (y tu figura despampanante, claro), no sé si hubiese regresado al día siguiente.

Gracias Sri Sri Ravi Shankar, porque sin vos, no sé dónde estaría 

Jai Gurudev